Pecios de La Villajoysa

BARCOS HUNDIDOS EN LA VILLAJOYOSA

CAPRERA - Fuente registro de buques de Lloyds en London

CAPRERA

El crucero auxiliar que murió luchando

El Caprera no era un simple mercante. Era un crucero auxiliar armado, con cuatro cañones y tripulación entrenada. El 5 de febrero de 1918, el U‑64 lo atacó.

El Caprera abrió fuego inmediatamente. Fue un combate desigual, pero digno. El torpedo impactó en el costado de babor, provocando una explosión interna que partió el barco en dos.

La popa se hundió primero. La proa aguantó unos minutos más antes de desaparecer.

Hoy yace a 72 metros, imponente incluso en ruinas.

CRATHORNE - Fuente registro de buques de Lloyds en London

CRATHORNE

El noruego que murió buscando aguas seguras

El Crathorne, un vapor noruego cargado de harina, había bordeado medio mundo para evitar la guerra. Su capitán decidió navegar pegado a la costa española, confiando en la neutralidad del país.

Pero el U‑64 lo localizó igualmente.

El 10 de diciembre, apenas unas horas después del hundimiento del Allied Maru, el submarino lanzó un torpedo que impactó en el centro del casco. El Crathorne intentó acercarse aún más a la costa, casi rozando las rocas de Villajoyosa, pero no tuvo tiempo.

El barco se partió y se hundió en silencio. Los botes llegaron a tierra exhaustos, algunos marineros con quemaduras graves.

Hoy yace a 80 metros, largo y oscuro, perfectamente reconocible en el sonar.

D. A. GORDON - Fuente registro de buques de Lloyds en London

D.A. GORDON

El escocés que dejó un ancla como legado

El D. A. Gordon navegaba en lastre desde Marsella hacia Melilla. Era un vapor robusto, de líneas sólidas, construido en Glasgow. El 11 de diciembre, el U‑64 lo interceptó al amanecer.

El torpedo lo alcanzó en la sala de máquinas. El barco se escoró rápidamente y la tripulación apenas tuvo tiempo de arriar los botes. Se hundió en pocos minutos.

Un siglo después, buceadores locales recuperaron su ancla, hoy expuesta en Vilamuseu. Es el único objeto visible en superficie que recuerda su existencia.

El pecio descansa a 72 metros, con la proa aún erguida.

MINORCA - Fuente registro de buques de Lloyds en London

MINORCA

El pequeño vapor armado que se defendió hasta el final

El Minorca, un vapor italiano armado con un cañón de popa, navegaba desde Génova hacia Cartagena. Cuando el U‑64 emergió para atacarlo, el Minorca respondió con fuego.

Hubo un breve intercambio de disparos. Los marineros italianos recordaron después que el submarino parecía un “animal oscuro” que surgía del mar.

Finalmente, un torpedo impactó en el costado del Minorca. El barco se partió y se hundió rápidamente.

Hoy reposa a 62 metros, compacto y silencioso, con el cañón aún reconocible.

Owasco - Fuente registro de buques de Lloyds en London

OWASCO / ALLIED MARU

El petrolero que ardió frente a Villajoyosa

El Owasco, rebautizado como Allied Maru, navegaba desde Norfolk hacia Génova cargado con 50.000 barriles de gasolina. Era un gigante blanco, moderno, rápido, construido para cruzar el Atlántico sin miedo. Pero en diciembre de 1917, el Mediterráneo ya no era un mar seguro.

El 10 de diciembre, el U‑64 emergió a corta distancia. El comandante Moraht sabía que un solo torpedo bastaría para convertir aquel barco en un infierno flotante. Tenía razón.

El impacto abrió el casco como una lata. La gasolina se derramó y el mar se incendió. Los supervivientes describieron una cortina de fuego que rodeaba los botes salvavidas mientras remaban desesperados hacia la costa. El barco se hundió en 25 minutos.

Hoy descansa a unos 74 metros, con la proa erguida y la popa colapsada, como si aún intentara mantenerse a flote.

PARTICIPATION - Fuente registro de buques de Lloyds en London

PARTICIPATION

El barco de los cítricos que perfumó el mar

El Participation, también italiano, transportaba naranjas y limones desde Sicilia hacia Liverpool. El 4 de febrero de 1918, el U‑64 lo interceptó en la misma zona donde había hundido a los otros mercantes.

El torpedo abrió el casco y la carga se dispersó por el agua. Los supervivientes contaron que el mar olía intensamente a cítrico, como si la naturaleza intentara borrar el rastro de la guerra.

El barco se hundió lentamente, permitiendo que casi toda la tripulación escapara.

Hoy descansa a 62 metros, rodeado de vida marina.

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